La avena es uno de los cereales que ha formado parte de la historia de la alimentación como un alimento básico, sobre todo en Europa. Gracias a sus beneficiosas propiedades ha aumentado su consumo con una gran celeridad en los últimos años. Diversos estudios médico-científicos recomiendan la introducción de este grano en la dieta por sus singulares características: alto aporte de fibra, fuente de proteínas de gran valor biológico, multitud de micronutrientes y elevado valor energético.

La avena como “superalimento”: propiedades nutricionales y curativas.

Su contenido nutricional está fuera de duda: cada 100 g de avena aportan 361 kcal, con un 5,6 g de aporte de fibra, un 11, 7 g de proteínas, un 7,1 g de lípidos, y un 59,8 g de hidratos de carbono, según aparece en el últimos informes. En comparación con otros cereales, tiene un contenido en hidratos menor y una mayor proporción de lípidos, con una aportación elevada de ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados muy saludable.

A la avena se le puede considerar un “superalimento”, ya que sus increíbles cualidades la hacen ser objeto de numerosos análisis entre los que se ha descubierto su capacidad de bajar el colesterol, disminuir el azúcar en sangre (fundamental para la diabetes), luchar contra los problemas gastrointestinales, prevenir el riesgo de enfermedad coronaria o como un potente anticancerígeno por la acción de los beta-glucanos; según aparece en un compendio de estudios publicado en The National Center for Biotechnology Information de Estados Unidos.

Tampoco se queda atrás en sus virtudes para los problemas de la piel (dermatitis, acné, etc.) y para los de origen nervioso (nerviosismo, depresión o insomnio).

Las opciones para degustar las bebidas vegetales a base de avena son muchas: desde incluirla con los cereales del desayuno, en sustitución de la leche animal, a agregarla con tu café preferido, o incluirla en tu receta predilecta de bizcocho al horno.

Las últimas tendencias en nutrición abalan un cambio de alimentación hacia un alto consumo de productos vegetales, así como un cambio del modelo medioambiental, en el que se tiene en cuenta los perjudiciales gases de efecto invernadero que emite la industria cárnica y láctea, responsables del 14,5% del total. Los recursos que consume la producción de alimentos vegetales son infinitamente menores que la de la producción animal; tanto del uso del agua, de la tierra o de la propia energía necesaria para su elaboración.

Es un buen momento para incorporar la avena a nuestra alimentación.

 

Conciencia Eco.

 

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