Por: Cecilia Nalborczyk

Tisanas

Siempre que pienso en algún tipo de té, mi memoria no solo me trae recuerdos visuales, sino también olfativos, puedo reconocer el aroma que su vez nuevamente me traen imágenes; es algo circular que se retroalimenta. El nombre del té me recuerda su color, textura, lugares, personas y cuando pienso en el aroma, este último  me devuelve otras imágenes o genera conexiones insólitas.

Recuerdo que cuando era más chica, la palabra té la aplicaban en casa a toda bebida que se hiciera en infusión: o sea, a toda hierba o planta que se pusiera en agua caliente. Esto lógicamente sucede hasta el día de hoy, porque la diferencia entre una tisana y un té recién se está dando a conocer por estos tiempos en que están de moda. De a poquito nos vamos enterando que té se le dice a la bebida que sale de la planta del té (camellia sinensis) y que tisana se le llama a la bebida que surge de otras plantas. Infusión es uno de los métodos que usamos para preparar una u otra.

Ignorando todo este tema semántico y disfrutando de lo que generaba, en casa el “té de manzanilla” era imprescindible luego de las comidas. Yo miraba las florcitas tan delicadas, que me hacían acordar a pequeñas margaritas, y lo conectaba con la sensación de alivio de los comensales. Más allá de saber o no detalladamente sus propiedades, lo que sí estaba claro es que la manzanilla ayudaba a sentirse bien luego de comer, y eso era lo importante. También causa un efecto relajante y ayuda a conciliar el sueño.

El mundo de las hierbas, que si lo llamamos bien a lo uruguayo deberíamos decir “los tés de yuyos” es tan vasto como el del té. Cada planta tiene sus propiedades específicas y no en vano se las llama “medicinales”. Están incorporadas muchas veces en nuestra rutina e intuitivamente acudimos a ellas cuando no nos sentimos del todo bien.

Así como la manzanilla genera esa sensación de alivio en nuestro organismo, otras plantas, como la menta, el diente de león, hinojo o el jengibre, logran el mismo efecto calmante.

¿Y cómo explicamos el bienestar que nos genera? Si nos enfocamos en uno de los beneficios, el digestivo, tenemos que empezar por saber que nuestro hígado trabaja mucho por nosotros y por mantener nuestra sangre óptima. Toda la sangre que sale del estómago y los intestinos pasa a través del hígado. El hígado procesa esta sangre y descompone los nutrientes y drogas en formas más fáciles de usar por el resto del cuerpo. Regula los niveles sanguíneos de la mayoría de los compuestos químicos y produce bilis, que ayuda a eliminar los productos de desecho del hígado. (Fuente: The University of Chicago –medicine)

Cuando no tratamos del todo bien a nuestro hígado, porque comemos de más o nos alimentamos con productos que saturan nuestro organismo o lo intoxican, estas hierbas ayudan a limpiar esa intoxicación, porque tiene un efecto colagogo, esto quiere decir que ayudan a quitar la bilis de la vesícula y nos depuran. Esto repercute directamente en la calidad de nuestra sangre y a su vez en la buena función de todos nuestros órganos.

Volviendo a las conexiones insólitas que mencioné al principio, mientras escribo me acuerdo del dicho “no te hagas mala sangre” y comprendo entonces que la sabiduría popular puso en palabras lo que verdaderamente sucede en nuestro organismo. Así que cuando estemos preocupados, también una rica taza de manzanilla  puede contribuir a despejarnos y pensar mejor.

Cecilia Nalborczyk, sommelier de té.

Sociedad de Catadores

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